Desde que empecé a escribir en el blog me dije que debía aprovecharlo para mostrar al mundo mi pequeño país, Panamá. Mi patria cuenta con un área superficial de cerca de 75000km2 (aproximadamente el área de Castilla y La Mancha en España, la provincia de San Luis en Argentina o el estado de Zacatecas en México), y una población de unos 3 millones y medio de habitantes. No somos un país muy conocido como destino vacacional, más que nada porque desde hace siglos nuestra economía se basa fuertemente en los servicios, debido a nuestra posición estratégica, y no se le ha dado la importancia que se debiera al turismo.

Con una imagen como esta del archipiélago de San Blas, ¿quién no querría conocer Panamá?
Es una pena, puesto que Panamá tiene un gran potencial turístico. Es uno de los países más seguros y estables de Centroamérica, y tiene tanto encanto para el turismo ecológico como nuestro famoso vecino, Costa Rica, con el atractivo adicional de una gran variedad de lugares históricos y culturales. Panamá siempre ha sido un punto estratégico desde que la corona española se adjudicó estas tierras, y por ello en su suelo se pueden encontrar fortificaciones coloniales españolas y restos arqueológicos de sus asentamientos, y por supuesto, el mundialmente famoso Canal de Panamá, toda una maravilla de la ingeniería (yo tuve la suerte de trabajar en las esclusas del canal, y debo decir que fue una experiencia fascinante).


Catedral de Panamá la Vieja, el primer asentamiento español en el Pacífico
Sin embargo, conozco muy poca gente que haya visitado mi país, dado que no solía promocionarse mucho como destino turístico, algo que ha cambiado en los últimos años. No obstante, todas estas personas que conozco coinciden en algo: les encantó visitar mi terruño. No es difícil entender por qué: aparte de los atractivos mencionados, la falta de conocimiento sobre Panamá por la industria turística internacional ha tenido como consecuencia que los visitantes extranjeros se encuentren con todas estas maravillas casi que exclusivamente para ellos. Si a esto se le suma el clima tropical, algo que los nacionales probablemente detestan (mucho calor y humedad) pero que a los que vienen de climas más fríos les encanta, y la hospitalidad, buen humor y amor por la fiesta del panameño, tenemos una receta que asegura la fascinación de los turistas que nos visitan.
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